
…Creo que estuvimos en la habitación, en la pequeña habitación cuatro horas completas, sin hacer otra cosa que beber y conversar. Nicolás trazó planos de los teatros sobre la mesa; utilizaba para ello un dedo mojado. Me habló de las obras que había visto, de los actores famosos, de las casitas de los bulevares. Pronto me estaba describiendo todas las cosas de París olvidando ya su cinismo. Mi curiosidad le daba alas para hablar de la “Ile de la cité”, y del barrio Latino, de la Sorbona, del Louvre. “….Entonces descubrirás que París es otro agujero repugnante y miserable-replicó él-, donde a los ladrones les rompen los huesos en la rueda a la vista del populacho en la Place de Gréve.” No! Insistí…vería una cuidad espléndida donde nacen grandes ideas en las mentes de ese populacho, ideas que habrán de iluminar hasta el rincón mas oscuro de este mundo. -¡ Ah, sois un soñador!- exclamo Nicolás, pero estaba encantado. Cuando sonreía, su belleza destacaba todavía más. -Y conoceré gente como tú- proseguí- gente que tiene ideas en la cabeza y verbo fácil para expresarlas, y nos sentaremos en los cafés y beberemos juntos y nos enfrentaremos apasionadamente con palabras y seguiremos conversando el resto de nuestras vidas en un divino frenesí.
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